El año 2005 fue una frontera para la izquierda brasilera.

Traducción por Patricio Guzmán, Chile

La perdida definitiva del PT como instrumento para las luchas de la clase trabajadora, reconocida ahora por miles y no solo por una minoría de militantes, representa el fin de un ciclo histórico de la izquierda en nuestro país.

Después del 2005, el PT seguirá siendo uno de los principales actores políticos del país, pero en limites completamente diferentes. El PT continuará disputando el voto de los trabajadores y de las grandes masas, pero esto ya no tendrá nada que ver con la lucha por transformaciones sociales o la representación política de los intereses inmediatos e históricos de los trabajadores.

El PT seguirá como un partido más del orden que disputará con los otros la administración del aparato de Estado burgués. Para eso, tratará de demostrara que es más eficiente que los demás.

Todavía utilizará algunos elementos de la vieja retórica "social". También usará su aparataje burocrático en los sindicatos y en los movimientos sociales para tratar de contenerlos al máximo. Desarrollará políticas asistenciales para mantener corral electoral despolitizado y al mismo tiempo amenizar los terribles impactos sociales de su política neoliberal.

En la contienda electoral de 2006 puede dar señales con cambios económicos puntuales y limitados, una disminución mínima de los intereses, una gota más de inversiones en el desierto actual. Tal vez también intente reeditar elementos retóricos de una pseudo polarización izquierda / derecha.

Pero, en esencia el PT hoy es, y continuará siendo, uno de los principales instrumentos de aplicación de las políticas que interesan al gran capital, con todas sus implicaciones reaccionarias.

Alternativa de izquierda

Reconocer ese papel nefasto del PT y entender que no hay como rescatarlo ya es un gran paso. Pero muchos militantes, dirigentes o intelectuales que todavía se reclaman de izquierda se niegan a aceptar esto. Terminan, como Emir Sader o Marilena Chauí, de forma muchas veces ridícula cuando no trágica, por dar un apoyo de "izquierda" a una política que intenta impedir la reconstrucción y recomposición de la izquierda auténtica. Una reconstrucción que solo puede darse por fuera del PT.

Ninguna de las tendencias de la llamada izquierda petista representa hoy en día cualquier tentativa de lucha consecuente capaz de revertir la situación del PT. En un proceso que no es de ahora, acabaran adaptándose a la lógica de esa gran maquina electoral, donde la lucha del aparato se da con métodos que nada tienen que ver con la participación efectiva de militantes concientes de lo que hacen.

El voto por Lula en el 2006 es un voto de una de las caras del neo-liberalismo en el suelo nacional, y por lo tanto inaceptable. La derrota del neo-liberalismo se dará en la lucha concreta de los trabajadores y sectores oprimidos de la sociedad contra la derecha tradicional, la alianza tucano-pefelista y su periferia, pero también contra aquellos que representan al gobierno actual. Como parte de esa lucha, presentar una candidatura de izquierda, clasista, anti-neoliberal y anti-capitalista, contra la falsa polarización PSDB/PFL y PT es una tarea fundamental.

¿El fondo del pozo? 

Entre aquellos que asumieron valerosamente la tarea de reconstruir la izquierda brasilera también existe un importante debate sobre el balance, las perspectivas y las tareas que tenemos delante nuestro.

Es común oír que la crisis política de 2005 en Brasil representó la caída de nuestro "muro de Berlín" con todos sus efectos y que estamos en el fondo del pozo.

La perdida del PT para la clase trabajadora no deja de contener un fuerte elemento de derrota. Hay elementos de derrota, escepticismo y confusión presentes en amplios sectores. Pero, ese proceso de desmoralización y confusión comenzó mucho antes, así como el proceso de degeneración del PT también viene de mucho antes.

El verdadero muro de Berlín erguido por el estalinismo cayó en 1989. El colapso de los regimenes de la antigua Unión Soviética y del Este Europeo y la restauración del capitalismo en su fase más brutal y sordida en aquellos países abrió espacio para una fuerte ofensiva ideológica, política, económica y militar del gran capital.

Uno de los aspectos de la nueva situación internacional fue el profundo giro hacia la derecha y hasta el aburguesamiento de los antiguos partidos y organizaciones tradicionales de la clase trabajadora. La derechización del PT, más acentuada a partir del inicio de la década de los 90, fue parte de eses proceso.

Desde entonces, lo que vemos es un proceso de recomposición de la izquierda y de los movimientos sociales. La correlación de fuerzas internacional no es la misma. El crecimiento de la resistencia en todo el mundo es una realidad.

Mejor que en los años 90

En América Latina, con todos los límites y contradicciones, levantamientos de masas, insurrecciones populares y tentativas de construcción de alternativas son la marca fundamental del período. Para comprobar eso, basta comparar la década del 90, marcada por la fuerza y estabilidad relativa de gobiernos como el de Menem, FHC y Fujimori, y el período actual lleno de contradicciones, inestabilidad, luchas y un gran espacio para la recomposición de la izquierda.

El gobierno Bush enfrenta hoy su peor situación desde su contraofensiva a partir de los ataques del 11 de septiembre de 2001. La invasión de Irak se demuestra como un callejón sin salida para el imperialismo y una fuente de problemas incontenibles. Se acumulan las contradicciones en la economía, con un escenario de crisis aguda volviéndose cada vez menos improbable.

Vemos también la enorme inestabilidad en Europa, reflejados muy bien en la rebelión de los jóvenes descendientes de inmigrantes en los suburbios franceses, así como por la victoria del "No" a la Constitución Europea y también en las huelgas de masas en ese país.

En este escenario es preciso resaltar la verdadera olla de presión a punto de estallar que representa China, con centenares de millones de trabajadores viviendo en condiciones de superexplotación, y que hace poco han comenzado a ponerse en movimiento. Cuando ese gigante obrero se levante, las repercusiones sobre la situación mundial serán fulminantes.

Es claro que el imperialismo todavía mantiene una fuerza decisiva, pero el gran espacio para las luchas de los oprimidos y explotados y la recomposición de la izquierda socialista es el gran diferencial del momento actual en relación con el período inmediatamente posterior a la caída del "muro de Berlín".

Colapso del PT y la reconstrucción de la izquierda

El agotamiento y la perdida del PT que para muchos marcó el año 2005 debe ser visto en este contexto. No es algo repentino ni abrupto, sino parte de un proceso que venía de mucho antes. Con un ritmo y con características muy diferentes de otros partidos surgidos de la clase trabajadora en otros países, la derechización y el aburguesamiento del PT marcó toda la década del 90.

La experiencia con el gobierno de Lula, en especial los acontecimientos de 2002, sirvieron para que sectores cada vez más amplios entendieran el verdadero carácter del PT y pasaran a buscar una alternativa.

Antes que un escenario catastrófico de derrota, el 2005 fue el año de la ruptura progresiva de amplios sectores con el PT y de fortalecimiento de la construcción de una alternativa de izquierda a ese partido, una etapa necesaria en la recomposición de la izquierda.

El fortalecimiento del PSOL como proyecto alternativo con todos sus límites, es también parte de este avance. A nosotros ahora nos toca entender mejor los errores cometidos por el PT en toda su trayectoria y trabajar para que el PSOL avance en dirección de una autentica herramienta de lucha socialista para los trabajadores y sus aliados en la lucha contra el capitalismo. El año 2006 será decisivo para eso.

Publicado originalmente por el periódico Socialismo Revolucionario no. 36

 

Committee for a workers' International publications

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