¡Libertad inmediata para Jordi Sánchez y Jordi Cuixart!

¡Abajo el gobierno del PP! ¡Por la república catalana socialista!

Tras la brutal represión policial desatada el 1 de Octubre contra el pueblo de Catalunya, la burguesía española y su Estado continúan su ofensiva antidemocrática. Al encarcelamiento sin fianza de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez está siguiendo la activación del 155 por parte del PP, PSOE y Ciudadanos y la más que posible suspensión de la autonomía catalana, las amenazas de nuevas detenciones e, incluso, la posibilidad de ilegalizar organizaciones que no “respeten la unidad de España”, tal como ha exigido el portavoz del PP, Pablo Casado, y su líder en Catalunya, el ultraderechista, machista y xenófobo Xavier García Albiol.

La furia del nacionalismo españolista, de la burguesía catalana subordinada a él, y de todos los partidos y medios de comunicación que defienden los intereses de los privilegiados y del orden capitalista, señala que estamos ante una oportunidad histórica para superar el régimen oligárquico del 78, ejercer el derecho de autodeterminación de Catalunya, y abrir la senda de la transformación socialista de la sociedad. Por eso mismo hay que retomar las calles, impulsando la movilización masiva y la huelga general.

El régimen del 78 y la crisis revolucionaria en Catalunya

La participación de más de dos millones de personas en la votación del 1 de octubre representó un triunfo sin paliativos de la voluntad popular, mucho más teniendo en cuenta que se produjo en medio de un estado de excepción policial. Pocas veces hemos asistido en la historia reciente a un ejercicio de democracia directa tan elevado y generalizado, que arrojó un resultado aplastante a favor de la república catalana. A la jornada del 1 siguió la gran huelga general del 3 de octubre, y la movilización en Catalunya fue tan masiva que sólo hay un precedente histórico de algo semejante: cuando las masas del pueblo y los trabajadores de Catalunya se lanzaron el 18 y 19 de julio de 1936 a combatir el golpe militar fascista, y lograron desarmar tras horas de batalla enconada a las fuerzas reaccionarias.

La crisis revolucionaria que vive Catalunya ha sido impulsada por dos factores políticos de primer orden: la opresión nacional de la burguesía española y su Estado centralista, que se niegan a reconocer que Catalunya es una nación y rechazan su derecho a la autodeterminación por la vía represiva; y la frustración generada por la recesión capitalista, el desempleo de masas, los desahucios, la precariedad y los bajos salarios, y la falta de futuro para la juventud. La lucha contra la opresión nacional y la opresión de clase se han entrelazado, como en otras épocas (1909, 1931, 1934, 1936, 1977…), generando un potencial revolucionario extraordinario.

La bilis contra el movimiento de las masas en Catalunya, común a todos los sectores de la burguesía, no es casual. Este movimiento apunta directamente a la línea de flotación del régimen del 78 que la burguesía española levantó con la colaboración de las direcciones reformistas de la izquierda (PCE, PSOE y sindicatos). Por eso es necesario hablar de lo que pasó en aquel momento y responder a aquellos sectores de la izquierda que, reconociendo el agotamiento de ese régimen, ofrecen como alternativa la conciliación y el diálogo con los mismos poderes que lo sustentan.

Entre 1976 y 1978 los políticos de la dictadura franquista reconvertidos en “nuevos demócratas” (Martín Villa, Adolfo Suárez y muchos otros), siguiendo las directrices del gran capital español e internacional, llegaron a un acuerdo con Felipe González y Santiago Carrillo para abortar una situación revolucionaria, en la que la clase obrera y la juventud de todos los territorios pusieron contra las cuerdas a la dictadura y al capitalismo. Este gran pacto, o gran traición según el punto de vista de clase que adoptemos, supuso reconocer legalmente algunas de las libertades y derechos democráticos que ya había conquistado la movilización popular, a cambio de permitir que la burguesía española recobrara el control de la situación y se coronase a Juan Carlos I siguiendo los designios del dictador.

El régimen del 78 consagró la “monarquía parlamentaria” sobre una ley de punto y final que sancionó la impunidad de los crímenes del franquismo, permitiendo que el aparato del Estado, la judicatura, las fuerzas policiales y militares siguieran en manos de los reaccionarios de siempre. La Constitución que le dio consistencia legal garantizó la economía de “libre mercado” y el poder incuestionable de los capitalistas, negando el derecho de autodeterminación de Catalunya, Euskal Herria y Galiza. El texto constitucional tuvo que reconocer el llamado Estado de las autonomías, pero consagrando la máxima de la dictadura, “España, una, grande y libre”, mediante medidas de excepción (el artículo 155) y la tutela del Ejército. Los argumentos de las direcciones reformistas de la izquierda para aceptar aquel “acuerdo” fueron los que se utilizan en una situación revolucionaria para justificar el derrotismo: “ruido de sables”, amenaza golpista y una “correlación de fuerzas” desfavorable.

El papel de la burguesía catalana y el retroceso de Puigdemont

Las instituciones del régimen del 78, el PP, Ciudadanos, el PSOE y los medios de comunicación capitalistas dicen abogar por la “democracia” y el “Estado de derecho”, pero lo demuestran de una manera muy llamativa: alentando la represión salvaje de la policía y la guardia civil contra la población que intenta ejercer su derecho a voto pacíficamente, aplaudiendo a los capitalistas catalanes que están chantajeando al pueblo con el caos y la ruina económica, aplicando el 155 y cerrando completamente la vía al diálogo que tanto predican, y mirando hacia otro lado cuando las bandas fascistas agraden con saña a la gente. Este frente de la reacción que bombea a todas horas el chovinismo españolista más histérico, que manipula y miente con total impunidad, pretende poner de rodillas al pueblo de Catalunya que ha osado exigir su derecho a decidir y pronunciarse por la república.

En este sentido, los capitalistas catalanes han comprendido mucho mejor que los dirigentes reformistas de la izquierda el significado revolucionario de los acontecimientos que se están viviendo. Fomento del Trabajo y Cercle d’Economía están ejerciendo de maestros de ceremonias en este ruido ensordecedor de chantaje y amenazas; exigiendo que se de marcha atrás inmediatamente en la proclamación de la república, expanden el miedo y promueven el traslado de las sedes sociales de más de 700 empresas en tan sólo de 15 días. La oligarquía, los banqueros, los grandes industriales de Catalunya, como siempre han hecho a lo largo de la historia, ligan su destino al de la burguesía española —la que se envuelve en la bandera rojigualda— frente a un movimiento que puede socavar su poder económico y político.

El papel del Estado, como instrumento de dominación de los capitalistas, también se ha hecho más que evidente. ¡Que la población quiera votar en un referéndum contradice las leyes, y la legalidad no puede ser cambiada! ¡Pero si Caixabank y otras grandes empresas quieren trasladarse fuera de Catalunya, la ley se modifica en 24 horas y se siembra el pánico al colapso económico!

Demostrando sus verdaderos intereses de clase y el pavor a la movilización revolucionaria de las masas, numerosos empresarios catalanes considerados amigos del Govern y autodenominados soberanistas anunciaron también su marcha: las familias propietarias de los grupos empresariales Grifols e Idilia Foods (Colacao, Nocilla), o Angels Vallvé, empresaria de GVC Gaesco, esposa del Presidente de la Bolsa de Barcelona y hermana del vicepresidente de Omnium, Joan Vallvé...

Esta ofensiva de la burguesía catalana contra la proclamación de la república no puede ser combatida negando su existencia. El único modo de hacerlo, y transmitir fuerza al movimiento, es defendiendo que la república catalana tiene que estar la servicio de las necesidades de la clase trabajadora, de la juventud y del pueblo, esto es, planteando medidas socialistas enérgicas que permitan a esa república controlar las principales palancas económicas para impedir el sabotaje económico de los capitalistas. La nacionalización de la banca y las grandes empresas bajo el control democrático de la clase obrera y el pueblo, permitiría que la riqueza generada por los trabajadores y trabajadoras de Catalunya se destine a satisfacer las necesidades sociales.

La experiencia está demostrando de manera muy clara que la república catalana no se puede conquistar sin arrebatar el poder a la misma oligarquía que ha oprimido al pueblo de Catalunya en estas últimas cuatro décadas trabando alianzas con el Estado centralista, con los partidos que han sustentado el régimen del 78, y cuya representación política a lo largo de este tiempo ha sido Convergencia i Uniò, y ahora el PDeCAT.

Tanto el sabotaje de los capitalistas catalanes, como lo ocurrido el 10 de Octubre cuando Puigdemont echó un jarro de agua fría suspendiendo la proclamación del resultado del referéndum, demuestran que no se puede dejar ni la lucha contra la represión, ni la tarea de proclamar y hacer realidad la república catalana en manos del PDeCAT. Mas y Puigdemont son políticos experimentados que representan a sectores decisivos de la burguesía catalana. Empujados por la impresionante movilización de las masas tuvieron que ir más lejos de lo que querían y convocar el referéndum. Cuando la burguesía catalana ha comprobado que el movimiento derrotaba la represión y abría una crisis revolucionaria, ha comenzado un chantaje intolerable y han exigido a los dirigentes del PDeCAT que reculen, algo que están haciendo mediante maniobras de todo tipo.

Muchos de estos políticos de la derecha catalanista defienden meter los resultados del referéndum del 1 de octubre en el congelador, y frenar “temporalmente” la proclamación de la república apelando a la necesidad de conseguir “mediadores internacionales” con poder, es decir, burgueses europeos que intercedan ante el gobierno del PP y les permita obtener así un cierto margen de maniobra. Pero las principales burguesías europeas y del resto del mundo ya se han encargado de dejar claro que, aunque puedan resultarles molestas las imágenes de la represión policial salvaje, lo que les produce pánico y no están dispuestos a tolerar es el ejemplo revolucionario que representa para millones de trabajadores y explotados en sus países la movilización de las masas en Catalunya, desafiando mediante su acción directa la violencia del Estado y determinadas a llegar hasta el final. La Europa del capital, esa UE que el PDeCAT presenta como una panacea “democrática”, ya ha cerrado filas con Rajoy.

Aunque la negativa del PP y sus aliados a negociar otra cosa que no sean las condiciones de la rendición pudiese empujar a Puigdemont a enfrentarse nuevamente al gobierno central, sería un grave error volver a dejar la iniciativa en sus manos y supeditarse al PDeCAT y la burguesía catalana. Sólo la organización y movilización desde abajo, como hicimos en 1 y el 3 de octubre, puede derrotar al PP y sus aliados y hacer efectivo el derecho a decidir.

Analizando lo que ha ocurrido en estas semanas, cuando todas las organizaciones y sus políticas están sendo puestas a prueba, cobra relevancia lo que los marxistas revolucionarios habíamos señalado reiteradamente a los compañeros de la CUP: la burguesía catalana y sus representantes políticos del PDeCAT traicionarían la causa de Catalunya, la libertad del pueblo y la república catalana. Por encima de la demagogia a la que han recurrido en estos años, Puigdemont y los suyos defienden los intereses de la oligarquía. Por eso es fundamental que los compañeros de la CUP rompan de una vez por todas con el PDeCAT y la burguesía catalana. Atarse al carro de los ex convergentes sólo puede añadir más frustración y preparar nuevas derrotas.

Es el momento de dar un giro de 180 grados: hay que acabar con la política de conciliación y “dialogo” con la reacción, pero también de subordinación al PDeCAT. Es el momento de levantar un gran Frente de Izquierdas en Catalunya con un programa de clase, revolucionario y anticapitalista para luchar por la república catalana y la transformación socialista de la sociedad.

Organizar la huelga general; ampliar, extender y unificar los CDR. Construir un Frente de la Izquierda por la república y contra la represión

La decisión de decretar prisión sin fianza contra los dirigentes de ANC y Omniun, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, propia de regímenes dictatoriales, representa un salto cualitativo en la escalada represiva. Los compañeros Sánchez y Cuixart han sido acusados de “sedición” por su participación en una movilización espontánea de masas el pasado 20 de septiembre, en la que se protestaba por la represión policial y las detenciones dictadas desde el gobierno del PP para impedir el referéndum del 1 de octubre. Aplicando de esta manera la ley, mañana podrían encarcelar por el mismo “delito” a cualquier dirigente vecinal, sindical o estudiantil de cualquier lugar que participe en movimientos sociales como el 15M, contra los desahucios o las mareas en defensa de la educación y la sanidad pública.

Parafraseando a Lenin, la revolución necesita a veces del látigo de la contrarrevolución. Y las fuerzas de la contrarrevolución españolista han golpeado muy fuerte sin que durante días hubiese reacción alguna por parte del PDeCAT y Puigdemont. Las detenciones de los “Jordis” están actuando como un acicate fundamental para retomar la iniciativa desde abajo y promover la movilización masiva de la población. Sólo así podremos defender los derechos democráticos y que la voluntad popular expresada en el referéndum del 1 de octubre se haga efectiva. Hay que recuperar la fuerza del movimiento mostrada el 1 y el 3 de octubre pero a un nivel superior, y la huelga general estudiantil que el Sindicat d’Estudiants ha convocado para el miércoles 25 y el jueves 26 de octubre, representa un gran paso en este sentido.

Hay que responder al 155 y la amenaza de suspensión de la autonomía con la misma contundencia. No bastan sólo las manifestaciones, hay que volver a paralizar Catalunya. Desde Izquierda Revolucionaria llamamos a la CUP, a Podem, Catalunya en Comú, ERC, a ANC y Omnium, a los sindicatos de clase, a la comunidad educativa y sus organizaciones, a convocar de manera inmediata una huelga general contundente y continuada hasta derrotar la represión del Estado y conquistar la república catalana. Y en este proceso es absolutamente imprescindible dirigirse a la clase obrera catalana, volcarse hacia las fábricas y empresas más importantes.

La clase trabajadora debe ser protagonista fundamental en el combate contra la represión y por la república catalana, y para ello hay que ligar esta causa a la lucha contra los recortes y la austeridad, por el empleo y los salarios dignos, contra la precariedad y los desahucios, por la sanidad y la educación pública de calidad. Este es un aspecto estratégico. La enorme fuerza de la clase obrera catalana es un factor decisivo para enfrentar la ofensiva del Estado y del gobierno, y para conquistar nuestras reivindicaciones. Sin su participación activa y consciente será imposible lograrlo. Es necesario también poner todo el empeño en ampliar, extender y coordinar los Comités de Defensa del Referéndum (CDR), y crearlos en todos los barrios, centros de estudio y de trabajo, para convertirlos en los organismos democráticos y representativos de todo el pueblo en lucha.

La responsabilidad de la izquierda en el Estado español

Ante el encarcelamiento de los dirigentes de ANC y Omnium, la aplicación del artículo 155 y otros ataques a los derechos democráticos que pueden venir, los dirigentes de Unidos Podemos y de los sindicatos tienen una enorme responsabilidad.

¿Hasta cuando dirigentes como Alberto Garzón seguirán planteando que la solución es sentarse a hablar con el Estado y el gobierno de Rajoy, cuando éstos y sus aliados han demostrado que no están dispuestos a discutir sobre nada? ¿Hasta cuando los dirigentes de CCOO y UGT seguirán manteniendo una posición pasiva o equidistante entre las masas que luchan porque su voluntad democrática sea respetada, y este gobierno de corruptos que niega al pueblo catalán sus aspiraciones con porras, martillazos, pelotas de goma o la cárcel?

Los dirigentes de Unidos Podemos y de CCOO, UGT y CGT en el Estado deben denunciar claramente qué significa la represión del PP y la aplicación de medidas como el encarcelamiento por sedición o el 155 para la clase obrera. Deben abandonar su posición pasiva y organizar la movilización de la clase obrera y la juventud en todo el Estado, incluyendo la huelga general, por la liberación inmediata de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, contra la activación del artículo 155 y por el respeto del derecho a decidir del pueblo de Catalunya. Si se niegan, la tarea de todos los militantes de base, de todos los activistas, de las organizaciones de la izquierda que lucha y de los movimientos sociales, es impulsar la movilización y desbordar a las direcciones que se conviertan en un obstáculo para derrotar la ofensiva represiva.

Vivimos acontecimientos decisivos. La burguesía española, el PP, Cs y la dirección del PSOE, están dispuestos a eliminar derechos democráticos fundamentales y aplicar medidas propias de la dictadura franquista con tal de impedir que el movimiento revolucionario de las masas en Catalunya pueda vencer y contagiar a otros pueblos y al conjunto de la clase obrera del Estado español. Todos los que luchamos por un cambio político y económico real debemos organizarnos para responder a esta brutal ofensiva, vinculando la lucha por la liberación nacional de Catalunya a la transformación socialista de la sociedad.

¡Visca Catalunya Lliure, republicana y socialista!

¡Únete a Izquierda Revolucionaria!

Committee for a workers' International publications

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