Este 11 de Septiembre cerca de 2 millones de personas desbordaban, en una movilización sin precedentes, la Avenida Diagonal de Barcelona. Una vez más el pueblo de Catalunya ha tomado las calles para gritar alto y claro su rechazo a la represión del Estado español, exigir la libertad de los presos políticos y el retorno de los exiliados, y demandar que la república por la que votó masivamente el 1 de Octubre de 2017 se haga realidad ya.

Las masas dicen si a la república y la reacción españolista hace el mayor de los ridículos

Esta movilización culminaba una jornada de lucha que desde primeras horas de la mañana hasta la noche, tomó diferentes espacios de la capital catalana colapsando varios de ellos. Los actos en diferentes escenarios como el Fossar de les Moreres, el Mercat del Born, Arc de Triomf, Plaça Catalunya, Urquinaona, fueron masivos… Algunos días antes del 11 de Septiembre, más de 440.000 personas ya se habían inscrito por Internet para participar en la manifestación, 1.500 autobuses habían sido fletados desde diferentes localidades de Catalunya para desplazarse a la capital y se habían vendido 275.000 camisetas para ayudar a financiar la movilización. Todos estos datos, superiores a Diadas anteriores, son la mejor respuesta, junto a la imagen incontestable de las masas desbordando la Diagonal, a todos los intentos de ocultar o minimizar la participación en esta jornada histórica.

Esta marea humana en apoyo a la república catalana contrasta con el estrepitoso fracaso de las convocatorias “en defensa de la unidad de España” o la “Diada alternativa al independentismo”, organizadas respectivamente por la extrema derecha de Sociedad Civil Catalana y Vox, o por Ciudadanos. La patética imagen del mismísimo Albert Rivera y la líder de Cs en Catalunya, Inés Arrimadas, recibidos por apenas un centenar de sus partidarios en la céntrica Plaza del Rei de Barcelona, resume el fracaso de estos elementos españolistas y reaccionarios que intentan autoproclamarse la voz de la “mayoría silenciosa” de la sociedad catalana y les pone en su lugar.

Los dirigentes de la izquierda reformista estatal, las cúpulas de Podemos, IU, CC.OO y UGT, o incluso los dirigentes de ERC deberían tomar nota del mensaje de fuerza, empuje y decisión que les hemos enviado la marea humana que desbordamos la Diagonal y las calles adyacentes en esta Diada. ¡El contraste entre esta demostración de fuerza tan tremenda y la ínfima capacidad de movilización mostrada por los defensores del régimen del 78, la monarquía y la España una grande y libre no puede ser más abismal! ¿Cómo se puede seguir sosteniendo, como han hecho recientemente el diputado en el parlamento español Joan Tardá, o el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, que “sería de estúpidos” o que “no se puede” llevar adelante la república porque Catalunya está dividida al 50%?

Ante la imposibilidad de ocultar el éxito de esta Diada, los medios de comunicación de de la burguesía española y catalana han optado por reconocer su masividad pero intentando presentarla como una jornada más, minimizando las cifras de participación. Muchos de esos mismos dirigentes del PDeCAT, JxCat y ERC que llevan meses planteando que no se puede materializar ya la república porque “no hay fuerza suficiente” han recibido una respuesta inapelable.

La impresionante imagen aérea que ha dado la vuelta al mundo, mostrando más de 6 kilómetros de la Diagonal (una de las avenidas más anchas y largas de Barcelona) abarrotadas de manifestantes, deja pocas dudas. Si comparamos esa imagen y extensión con otras manifestaciones, por ejemplo el millón de personas que llenó los 4 kilómetros de la Avenida Marina el 11 de Noviembre de 2017 exigiendo libertad para los presos políticos, estamos sin duda ante la movilización social más masiva desde la huelga general que paralizó Catalunya el 3 de Octubre de 2017, cuando salimos a la calle entre 2 y 3 millones de personas entre Barcelona y las principales ciudades catalanas.

Continuar la movilización en las calles hasta cumplir el mandato del 1-O

Esta participación explosiva es más significativa si tenemos en cuenta que se produce tras un año de represión constante por parte del aparato del Estado, de los tribunales, de medidas de excepción como el 155, y tras la negativa del gobierno del PSOE a aceptar el derecho de autodeterminación del pueblo de Catalunya. Y lo más importante de todo, tras meses de jarros de agua fría y políticas desmovilizadoras por parte del PDeCAT pero también de muchos dirigentes de JxCat y ERC.

A esas políticas se ha unido el rechazo a participar en las manifestaciones y actos de esta Diada de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y los dirigentes del referente de Podemos en Catalunya, Catalunya en Comú. En unas declaraciones injustificables, Colau y los dirigentes de Podemos se sumaron a los argumentos del españolismo afirmando que la Diada refuerza la “unilateralidad” y la “división de la sociedad catalana”, renunciando en la práctica al derecho del pueblo de Catalunya a decidir su futuro —derecho que defendían no hace tanto tiempo y les dio un apoyo masivo de la población—.

Este giro político haciendo el juego a los partidos del 155, ha provocado sorpresa y rechazo entre la inmensa mayoría de los jóvenes y trabajadores que votaron por Colau y BCN en Comú. No apoyar el movimiento de liberación nacional de Catalunya con una política consecuente de izquierdas, y negarse a vincular la república catalana con la lucha contra el régimen del 78 y por la república en el resto de territorios que hoy integran el Estado español, es un grave error que les pasará una dura factura.

Esta Diada demuestra que el movimiento de masas por la república catalana no sólo sigue vivo y dispuesto a ir hasta el final sino que decenas de miles de personas están empezando a preguntarse por qué el empuje y fuerza que muestra el movimiento en la calle, choca cada vez más claramente con la tendencia a frenar la movilización y buscar acuerdos por arriba con un Estado y un gobierno que se niegan a negociar cualquier cosa que no sea la rendición.

Este malestar se expresó en la proliferación de consignas en carteles, pegatinas y consignas como “¡Hacer la república ya! “La autodeterminación no se negocia, se ejerce” y otras más, o en las críticas por parte de oradores de ANC, CUP y otras organizaciones a la idea ya comentada de que no se puede llevar adelante el mandato del 1-O porque “provocaría más división”.

Esto confirma una vez más que dentro del movimiento de liberación nacional de Catalunya existen dos líneas opuestas, una muy minoritaria entre las masas pero que hoy marca la pauta y domina el Govern, que intenta frenar el movimiento y buscar un acuerdo con la burguesía española para dar carpetazo a la república catalana. Frente a este sector, está la inmensa mayoría de jóvenes, trabajadores y amplios sectores de las capas medias, que queremos avanzar hacia una república de los trabajadores, el pueblo y la juventud que de solución a los problemas sociales y rompa con el capitalismo y el régimen del 78.

Por eso es necesario que la izquierda consecuente luche por liderar el movimiento de liberación nacional con ese programa y sostener la movilización de masas, y unir así a esta mayoría social con los sectores de la clase obrera catalana que también están siendo golpeados por la crisis del capitalismo y rechazan la represión e ideas reaccionarias del PP y Cs, pero todavía desconfían del procés porque ven el frente a dirigentes del PDeCAT y la derecha catalanista de los que sólo han recibido recortes y ataques.

Hoy más que nunca es imprescindible un frente único de la izquierda que lucha por la república: CUP, CDRs, sindicatos combativos, movimiento feminista, estudiantes y movimientos sociales… para llevar adelante este programa hasta vencer

Committee for a workers' International publications

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